La revista digital de los Ex alumnos Licmilaya

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Noches de Cine y Misterio Culinario en el Liceo Militar Ayacucho

Cuando las Pantallas Brillaban y las Latas Resonaban Imagínense, es la década de los 80 en el Liceo Militar Ayacucho. Los miércoles por la noche, el aire se llenaba de expectación, y no solo por las explosiones y héroes de acción en la pantalla. No, señores, algo más misterioso sucedía: el sorpresivo (y delicioso) caso de las chucherías desaparecidas y reaparecidas.

La Intriga de las Chucherías Prohibidas De domingo a miércoles, las chucherías eran tan escasas como el agua en el desierto. La cantina del liceo, un oasis de delicias, permanecía cerrada, dejando a los estudiantes con un vacío… en el estómago. Pero, ¡oh sorpresa! Como por arte de magia, cada miércoles de cine, el sonido de latas de refresco y el crujido de cotufas inundaban el ambiente.

Los Héroes Anónimos de la Noche de Cine Aquí es donde entra en juego el ingenio de los estudiantes. ¿Quiénes eran estos magos de la merienda, estos contrabandistas de cotufas? Años después, el misterio perdura. Algunos dicen que había un túnel secreto hacia la cantina, otros hablan de mochilas mágicas. La verdad, mis queridos excompañeros, sigue siendo un enigma digno de una película de espías.

Las Cotufas: El Tesoro Oculto Hablemos de las cotufas, ese manjar crujiente que parecía multiplicarse bajo la oscuridad del cine. Era como si cada grano de maíz tuviera su propio acto de magia, explotando en un festín que desafiaba todas las reglas de la cantina cerrada. Y no olvidemos las latas de refresco, esas metálicas compañeras de aventuras, cuyo sonido al abrirse era como una fanfarria para nuestros héroes ocultos.

Recuerdos Inolvidables Así eran las noches de cine en el Liceo Militar Ayacucho. Más que una simple proyección de películas, eran un escenario de astucia, risas y compañerismo. Aunque los años han pasado, estos recuerdos siguen vivos, recordándonos que a veces, las mejores historias no están en la pantalla, sino en las pequeñas aventuras que compartimos. A todos los ex alumnos, les digo: ¡que viva el misterio de las chucherías y las noches de cine que nunca olvidaremos!

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